¡Una gala lanusense! Bruno Gelber dirige la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía, el martes en el Centro Comercial de Lanús este

Sociedad | 2019-11-18 | 16:08:17


 “Estamos ensayando junto a esta maravillosa orquesta para el concierto que daremos el martes 12 de noviembre en el CCK”, resumió y ante la pregunta sobre su experiencia de tocar junto a un coro de personas no videntes dijo: “Es una experiencia interesante porque es la primera vez que toco con una orquesta que tiene solamente instrumentos de viento. Es admirable el esfuerzo de aprenderse todo de memoria y tocar tan bien como lo han hecho”.

—¿Cómo nace este concierto, maestro?

—Los vi por televisión en mi casa mientras estudiaba. Yo estudio hasta las 4 de la mañana y veo películas nacionales, me gustan las antiguas, y haciendo zapping me encontré con esta orquesta que me pareció tan genial y me dije: “¡Quiero tocar con ellos!”—enfatiza con la voz y el gesto—. Así lo manifesté y dijeron que estaban encantados de poder hacerlo y se eligió una fecha. ¡Fue hace poquito esto!

—El programa incluye la obertura de "Las bodas de Fígaro”, de Mozart, “Concierto para piano y Orquesta N° 3”, de Beethoven. ¿Quién eligió el programa?

—El programa del concierto fue consensuado. Es un concierto que tengo en repertorio en estos momentos. Es el primer concierto que toqué cuando tenía 9 años y medio en la radio con el maestro Gambini.

—¿Cómo fue ese momento, a los 9 años sobre un escenario y dando el primer concierto?

—Fue un momento muy simpático porque mi padre estaba en la orquesta y era muy gracioso porque no se le quitó la sonrisa en ningún momento y yo estaba tentado de ver eso. Papá me llevaba a la Orquesta del Colón, pero como muchos músicos en Argentina, estaba en una orquesta y en otra; entonces, como yo tenía oído absoluto, papá se lucía conmigo haciéndome probar el oído por diferentes instrumentos —recuerda entre risas, hace una pausa y en el ademán de manos sin querer hace sonar una tecla del piano de cola— Estudié con el maestro (Vicente) Scaramuzza ese concierto durante un año y medio. ¡Llegué a odiar al concierto! Porque en siete meses me pidió la cadencia ¡nada más! ¡Y soñé con esa cadencia! Es el concierto que cuando me despierto en el medio de la noche, ¡me siento y lo toco! ¡Es el que más conozco!

—Es casi parte suya...

—¡Si! Es casi parte mía.

—¿Cómo fue su infancia en una casa de músicos, subiendo al escenario del Colón, escuchando orquesta desde chico y habiendo empezado a tocar el piano de pequeño?

—Empecé a estudiar piano a los 3 años y medio contra la voluntad de mis padres, que se rindieron al hecho de que yo estaba pegado a mi madre cuando daba clases y repetía con un dedito lo que hacían sus alumnos. Y me hizo hacer un concierto de prueba en Quilmes con una profesora amiga, para fin de año; y lo hice con gran placer porque repetí lo que veía porque papá me llevaba al Colón a todos los conciertos, recitales, a todas las manifestaciones... ¡Y yo salía al escenario como si lo hubiera hecho toda la vida! ¡Encantado!... ¡Ese fue el único concierto en el que no tuve nervios!

—¿Después sí los tuvo?

—¡Por supuesto! ¡La mochila!... Después se comprueba todo el tiempo

—Volviendo a la infancia, ¿cómo fue entre el piano y luego la enfermedad que lo afectó?

—Yo tuve una infancia maravillosa hasta los 7 años, cuando enfermé de polio. Por eso tengo esa consustanciación con la gente que tiene problemas y siendo un discapacitado me pareció interesante hacer un concierto con gente que tiene problemas. Me quedó todo sobre la pierna izquierda— apoya su mano izquierda sobre la pierna izquierda y se lamenta—. ¡A veces se va todo! ¡A veces queda en la cabeza! A mí me quedó la pierna izquierda afectada. Igual sigo adelante y no sé cuántas veces di vueltas al mundo y he dado conciertos en 57 países, ¡miles de conciertos!

—¿Qué lugar falta? ¿Dónde le gustaría tocar?

—Me gustaría tocar en China y en Cuba.

—¿Y por turismo?

—No viajo como turista porque estoy tan acostumbrado a viajar como profesional que el hecho de estar en un avión...—hace muecas y gesto de negación— ¡No me gusta viajar! ¡Me gusta llegar! Yo voy si tengo alguna actividad. Llego y estudio. Pasea más la persona que me acompaña.

—¿Cómo son sus noches?

—Estudio por la noches en un piano que tengo en casa al que se le regula la intensidad y veo la televisión para no aburrirme. Doy mucho de mí en esos momentos porque estoy solo, concentrado.

—¿Siempre estudia?

—Nosotros tenemos la parte intelectual, la parte emocional y la parte puramente física que hay que entrenarla como los deportistas. Si se tiene una obra en la mano y si no la mantiene ¡se va! Queda en la cabeza y el corazón, pero en los dedos no. A una obra hay que estudiarla, necesita horas... ¡Es todo un trabajo!

—¡Arduo trabajo!

—Pero no me gusta hablar de eso porque me gusta que la gente tenga la ilusión de que vivimos en una nube de inspiración y que tocamos por gracia de Dios, de la inspiración, de la facilidad y todo, pero hay mucho trabajo detrás.

—¡Parece demasiado!

—¿Usted conoce algo bien hecho sin trabajo?

—¿Qué aconseja desde su experiencia a las nuevas generaciones?

—A las nuevas generaciones es muy importante pedirles que sepan focalizarse en algo que quieran. Que elijan algo, pero que no se dispersen. Lógicamente tienen los medios que no teníamos nosotros cuando éramos chicos y ahora tienen tantos medios maravillosos, cuando son bien utilizados. Para no dispersarse, si uno quiere llegar a algo realmente bien hay que focalizarse en lo que le gusta y dar toda la energía. Como lo hacen los directores también.

—¿Qué escucha cuando no escucha música clásica?

—¡Me gusta todo lo que es lindo! Soy un gran amante del teatro, me encanta el cine, todas las manifestaciones artísticas me gustan.

—Se dice de usted que es un músico clásico popular ¿se siente cómodo con ese calificativo?

—¡Dios sabe por qué lo dicen! ¡Yo no! — se ríe con el cuerpo—. He pasado los límites naturales de la música clásica y me conocen como si fuese un artista popular, de cine, es verdad y yo no me quejo. Me parece maravilloso para la música clásica porque muchas veces se ha quedado en la parte del progreso de la comunicación, se ha quedado demasiado quieta.

—Dará un concierto gratuito en uno de los grandes teatros populares y con una banda única ¿cuál es la última reflexión ante ese evento?

—¡Este concierto lo pedí! Y yo no pido conciertos, me los proponen. Pero a este lo pedí y tuve la satisfacción de tocar con el director Martín Merayo. Los invito a que vengan a escuchar el concierto porque realmente es un esfuerzo enorme de esta orquesta mágica de gente no vidente.

El maestro Bruno Gelber es el invitado de honor de la Banda Sinfónica de Ciegos. Darán un concierto en el Centro Comercial e Industrial de Lanús y en la Sala Auditorio del CCK.

El maestro Bruno Gelber es el invitado de honor de la Banda Sinfónica de Ciegos. Darán un concierto en el Centro Comercial e Industrial de Lanús y en la Sala Auditorio del CCK.

Luego de la entrevista, Gelber acomodó sus cosas y salió. Al vernos minutos más tarde esperando nuestro vehículo en la vereda de Sánchez de Bustamante, nos preguntó con amabilidad si podía acercarnos con su auto hacia algún lugar. Luego saludó con una sonrisa y un “gracias y hasta pronto".

*La Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía fue presentada en concierto el 15 de octubre de 1947, convirtiéndose así en pionera mundial; y fue integrada durante muchísimos años por el eximio músico lanusense Basilio Gibavicius.

Tras 70 años de trayectoria, logró notables actividades artísticas. En 1997, la UNESCO le otorgó el Gran Premio Camu “por los extraordinarios aportes en beneficio de la comunidad”. En esta ocasión invitaron al maestro Bruno Gelber para tocar el martes 12 a las 18 en el Centro Comercial e Industrial de Lanús, en Avenida 9 de julio 1553 (Lanús Este) y la gala será el jueves 14 de noviembre a las 20, en la Sala Auditorio del CCK, Sarmiento 151.

* Por Fernanda Jara. Infobae



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