El radicalismo social y urbano: rescatar a Crisologo Larralde
Por Emiliano Bursese (1)
PARTE 1

Politica | 2020-02-04 | 17:23:47

[1]Abogado. Magister en Relaciones Internacionales. Concejal Municipio de Lanús (2011-2015). Secretario de Desarrollo Social del Municipio de Lanús (2015-2017). Presidente H. Tribunal de Faltas de Lanús.

La vida, la hermosa vida.

Sólo se realiza

cuando la vamos dando

paulatina, totalmente

por la vida del hombre ignorado,

por el hermano que nos desconoce

y acaso nos golpee.

Y entonces, por creer, por querer

impertinentes, incurables

utopistas obstinados,

ya no somos viejos,

ni el corazón afloja”.

Crisologo Larralde

Cuando uno se adentra en las particularidades y riquezas doctrinarias de los partidos o espacios políticos argentinos, hay una característica que parecería ser – para algunas miradas sesgadas – incompatible en nuestros días: el radicalismo y la cuestión social (lo “social” tomado como un espacio físico y simbólico de interacción de los sectores más postergados de la sociedad). O para decirlo de otro modo: parece no concebirse hoy día la conjunción de algunas identidades políticas (como el radicalismo) con todo aquel mundo que hace a los sectores más desventajados de la sociedad. No se los asocia, o lo que es peor, se los coloca – interesada pero a veces desinteresadamente – como cuestiones antagónicas, contradictorias.

Lejos de esa visión, y de la propia historia de los orígenes nacionales y populares del radicalismo, hay una persona que concentra como nadie esas dos condiciones (las de radical y de profundamente “popular”): me refiero a Crisologo Larralde. Producto de ese radicalismo que podríamos llamar “urbano”, de Conurbano, barro y pobreza, estos meses estivales asistimos a los aniversarios de su nacimiento (118 años, el 29 de enero de 1902) y de su fallecimiento (58 años, el 23 de febrero de 1962).

Con este disparador en la cabeza no sólo nos proponemos analizar brevemente su figura y desarrollo político/teórico, sino que, además, esto mismo (o por ello) nos llevará a consolidar una mirada propia y en clave actual sobre la cuestión social, tan necesaria para nuestros días. Una mirada que, paradójicamente o no, nos lleve inevitablemente a inmiscuirnos en el territorio en el que Larralde desarrolló su acción política y sus enseñanzas, el Conurbano Bonaerense, ese entramado hipertrofiado que concentra casi el 40 % de la población del país (agreguemos: en el 1 % del territorio) y que determina las estrategias (o la falta de ellas) de cualquier Gobierno y organización política[2].

[2]Lo curioso del tema de análisis es que dicha descripción puede explicar, en parte,  la debacle electoral del espacio no peronista (sobre todo la UCR) en las últimas décadas. Con una paradoja adicional: la inexistencia de una estrategia partidaria para dichos territorios en detrimento de agendas importantes pero subvaluadas de otros lugares. Aun hoy, poco o nada se habla de este tema en los ámbitos partidarios.

Por eso, amanera de aclaratoria, la mirada que queremos transmitir – como siempre – intentará ser: 1) no sólo teórica, sino también práctica, es decir, para la acción y la concreción; 2) incorporada en el siglo XXI a una agenda mucho más amplia tanto en lo territorial como en lo competencial, la agenda metropolitana o del AMBA y; 3) realizada precisamente desde ese espacio colosal y complejo que es el Conurbano, donde lo social se muestra como algo de urgente atención (con casi el 50 % de su población en la pobreza), y escapando, por ende, a ese rico espacio de acción que representa el interior o la ruralidad.

Sin perder de vista, finalmente, el contexto en el cual nos movemos, donde la tarea que llevamos a cabo trascurre en una democracia representativa que fue pensada y diseñada a finales del siglo XIX y comienzos del XX, que en su estructura de funcionamiento no ha cambiado mucho desde entonces, y donde sus tradicionales mecanismos de intermediación política no funcionan al ritmo que necesita el siglo XXI (por el contrario, a los ojos de las mayorías, se observan cada vez más impotentes y llenos de contradicciones, y, por lógica, no se perciben como canales para resolver los verdaderos problemas).

Por eso, si no aseguramos al menos cierto nivel de respuesta satisfactoria a las distintas exigencias y demandas sociales, el reclamo popular no se evaporará dentro del sistema. Por el contrario, tenderá a perforarse y salirse, como vimos en Ecuador, Chile, Colombia, Francia y seguiremos viendo en otros países si no se resuelve. Si, además, no somos capaces de canalizar y procesar esas demandas, corremos el doble riesgo de perderlas como canalizador político y/o que sean canalizadas por otros (incluso con el peligro de hacerlo con fuerzas antisistema o poco democráticas). Dicho ello, pasaremos a observar brevemente algunos datos de la biografía de Don Crisologo y las lecciones que su acción y pensamiento nos pueden aportar en nuestros días.

Crisologo y su vida política

Como mencionáramos, Crisologo transcurre sus primeros años de vida en las barriadas del Conurbano. Nace en Quilmes, pero su desarrollo personal (trabaja en una imprenta desde los 13 años) e intelectual lo desarrolla en Avellaneda, por lo que asume la defensa del pueblo trabajador naturalmente: pertenecía a él. Fue concejal de Avellaneda y este fue su único cargo público, puesto que en la década del fraude (1932/1943), al resultar electo senador provincial, renuncia a su banca en protesta por la violación a la voluntad popular.

En 1943 es uno de los fundadores de la corriente interna Revisionismo Bonaerense, presidida por Ricardo Balbín, e integrada por Oscar Alende y Moisés Lébensohn, entre otros, que constituyó uno de los primeros intentos en desalojar de la conducción de la UCR a la corriente unionista. Ayuda a redactar lo que se conoce como Manifiesto de Avellaneda, el puntapié inicial del Movimiento de Intransigencia y Renovación fundado en 1945 junto a nombres de la talla de Balbin, Illia y Lebenshon, donde declaraban que “La doctrina del radicalismo (…) no fue fruto de elaboraciones teóricas, sino la resultante de una larga y dolorosa lucha para instaurar una democracia política, económica y social”. Se opone a la alianza que hace el radicalismo (denominada “Unión Democrática”) que llevo a perder los comicios de 1946 con el Gral. Perón.

Crisologo Larralde fue muchas veces candidato, en esas candidaturas que eran más bien una instancia para la lucha y para denunciar públicamente las injusticias y los desmanes del poder de entonces (vedada a los opositores), que aspiración a cargos u honores. Por ejemplo, en 1946 es candidato a Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, y en 1951 a Gobernador. En 1954 la Unión Cívica Radical lo elige candidato a Vicepresidente de la Nación.

Asimismo, es el hombre que trata de evitar a toda costa la división de la UCR en 1956, llamando a la reflexión y apelando a la racionalidad de los correligionarios de los distintos sectores. No obstante, consumada la división, se pone a la cabeza de la reorganización partidaria, siendo elegido presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical del Pueblo. Tambiénse dice que fue masón, como parte de su rica vida que refleja en sus propios poemas (otra particularidad de su personalidad, la de escribir) cuando afirma “Todo quedó atrás, menos el sueño/ Mi viejo, mi joven, mi niño / sueño igualitario, libertario, fraternal”.

Finalmente, es impulsor del artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que fue la única reforma que estableció la Convención de 1957, hecha con la proscripción del peronismo. Como sabemos,en el artículo 14 bis se consagran los derechos sociales, incorporándolos a los derechos civiles de la constitución de 1853, comolos derechos dejornada limitada, descanso y vacaciones pagados, retribución justa, salario mínimo vital móvil o huelga, que no estaba contemplado incluso en la Constitución derogada de 1949, porque algunos peronistas no querían que “el pueblo trabajador (el mismo pueblo trabajador que en su mayoría votaba y se identificaba con los aspectos igualitarios del peronismo) pudiera hacerle huelga a su gobierno”.

Para las elecciones de marzo de 1962, donde ya Arturo Frondizi era presidente y levanta la proscripción al peronismo, Crisólogo Larralde es candidato a Gobernador de Buenos Aires por la UCR. El viejo luchador, en un acto partidario en el distrito de Berisso (tam



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