La pandemia ya no lo cubre todo *

Sociedad | 2020-04-29 | 15:37:17


Cuidar la vida sin hipotecarla es el desafío de la hora. Todo indicaría que a pesar de los datos escalofriantes que nos llegan del mundo, la curva planetaria de los nuevos casos de Covid 19 comenzó su curva descendente.

Y, mucho más lentamente, a pesar del aprovechamiento político que muchos gobiernos hacen de la pandemia, también están quedando más expuestos los casos más extremos de estupidez ideológica.

Algunas cosas comienzan a ser claras. Carece de importancia si el origen del virus se dio en una feria de animales o en un laboratorio. Lo que sí sabemos es que la epidemia, al igual que la de otras enfermedades respiratorias de las últimas décadas tuvo origen en China y hubo, como mínimo, alguna grave forma de negligencia por parte de la potencia asiática en su traspaso a Europa y al resto del mundo.

La verdad no es menos verdad porque un personaje estrafalario y peligroso a cargo del gobierno de EEUU la utilice en su guerra comercial.

En este mismo momento no pocos fundamentalistas y resentidos patológicos se regodean por la caída en el dolor de Europa sin haber sido necesario tirar una sola bomba. Se regodean por el sufrimiento del continente que más alto llegó en la construcción de bienestar de sus trabajadores y que es, a su vez, reserva cultural mundial obligada de la humanidad, de su disfrute y su libertad.

Sin embargo, entre nosotros, el virus no parece haber surgido de China. La viceministra de Educación de la Nación, la doctora Puiggrós se lo endilga toscamente al “neoliberalismo” y si dichos desvaríos sorprenden, aún sorprende más el respeto hacia estos personajes de esa porción extendida de la “academia” regresivamente sobre ideologizada y autodevaluada.

Si Sarmiento viviera la obligaría a hacer de nuevo la escuela, por eso necesitan desde sus personajes de Paka-Paka falsearlo, radicalizar la polémica y construir el hábito de sustituir discursivamente los hechos.

Sin embargo, en tiempos de Pandemia y a pesar del extendido disciplinamiento social, el cansancio está a la vuelta de la esquina. Por eso la imagen de Cristina cae y la señora se equivoca más.

La ridícula apología del hilo de twist de Graciana Peñafort no tuvo desperdicio. Derivar del origen del control de constitucionalidad la premisa decisionista autoritaria de que la Corte puede hacer lo que quiera sobre lo que quiera (por ejemplo decidir si el congreso puede o no sesionar) fue rechazada hasta por el jefe jurídico espiritual del kirchnerismo, Eugenio Zafaroni.

El señor que dijo en un fallo que no había violación si la luz estaba apagada y que alquilaba sus departamentos particulares a proxenetas no es, a pesar de su cínica y peculiar moralidad, un idiota. Y claramente expresó que la existencia o no de la voluntad de funcionamiento parlamentario no es un hecho sobre el que deba decidir la Corte Suprema.

Ya todos sabíamos que es la mayoría oficialista que dirige ambas cámaras la que desactivó el Congreso, antes que la Corte rechazara la consulta de la vicepresidente acerca de lo que podía o no podía hacer.

Pero una cosa es la caída en la imagen de Cristina Kirchner y otra cosa es su capacidad de daño en cada engranaje de decisión en la que el “loteo” de espacios en los ministerios y el llamado “poder bifronte” entre cristinismo y albertismo del que gustan hablar los analistas están, en sus efectos, objetivamente fusionados.

La anestesia social generalizada que provoca el tío Alberto que nos cuida no anticipa el pico de una curva que todos esperamos sea lo más suave posible. Anticipa el desastre de la ausencia absoluta de un programa productivo de salida, escondido detrás de una desgracia mundial.

Es inexplicable que las porciones del territorio argentino afortunadamente no afectadas por el Corona continúen aún económicamente paralizadas.

En el otro extremo y como siempre, a la cabeza de un futuro aciago desde el punto de vista pandémico, económico y también democrático está la provincia de Buenos Aires. Primera muy cómoda en el número de infectados y fallecidos pero no siempre primera en la transparencia informativa respecto a la distribución territorial de los casos, que se entrega con cuentagotas.

Comienza a ser obligatorio el barbijo pero lo que se extiende lentamente es la mordaza, con directivas que se “bajan” a las regiones sanitarias y el sistema escolar.

Junto a esta forma particular, anacrónica y “tutelar” de cuidarnos, la entrega masiva de alimentos es cada vez mayor y es necesaria. Lo será más aún en el futuro, dada una dirigencia en la alianza gobernante que agrava el problema por no tener perspectiva productiva alguna para el día después de la epidemia.

El estado de temor y necesidad, por el momento, tapa la línea gubernamental aberrante que está en la base de los levantamientos carcelarios provinciales de Junín, La Plata, Florencio Varela y que culminan en la posterior toma de Devoto.

El virus no fue sólo la excusa para la salida promovida por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación de “sus” presos-funcionarios condenados de guante blanco. Desde Provincia, el impresentable expolicía juez K de Casación Violini firmó la salida masiva de 2300 presos el 8 de abril pasado.

Forma parte de una presión oficial articulada por la libertad de los “queridos compañeros pro-libertad”, como dijera el dirigente Cipriano García de la Comisión Provincial por la Memoria. La política de liberación masiva de presos comunes por parte de tribunales superiores en algunos casos no contempla los requisitos mínimos establecidos y no faltan casos de violadores regresando a casa de sus víctimas.

Aún no se escuchan reclamos de las voces del feminismo k, como cada vez que el relato deja su lugar a lo que acontece en la vida real.

Pero lo cierto es que la pandemia invisibiliza estos otros costados realmente existentes de la gestión oficial. No será por siempre.

Suelen decir los analistas que la sociedad juzgará a sus dirigentes por lo que hicieron durante la pandemia y es verdad. Pero también lo hará por las agendas que anticipen y lo que hagan más allá de la dimensión sanitaria de la crisis. Ya muchos advierten que portarnos todos bien con tío Alberto no alcanza.

El presidente de la nación desearía servirse del acompañamiento de las serias gestiones de Juntos para el Cambio sin tener que tolerar sus reclamos por los desvíos institucionales en materia de justicia, sus reclamos por transparencia y los que se le hacen, entre otros, respecto a su deriva económica, en momentos de alta vulnerabilidad de toda la sociedad

Sin embargo, para la mayoría del pueblo, es hora de cuidar la vida sin hipotecarla. Es hora también de volver a prepararnos para una vida que valga la pena ser vivida. Con no poca pobreza, mentira y corrupción repiqueteando tan cerca de todos, con tantos personajes del pasado mezclados en nuestra actual vida cívica, no serán sólo contra el virus las próximas peleas.

* Marcelo Boffa



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