Fake News. Una reflexión urgente desde la pandemia *

Coronavirus | 2020-07-04 | 09:59:01

Parte I
* Pablo Martín Méndez
Fuente: Viento Sur- UNLa


Fake news. Algunos diccionarios las definen como “noticias falsas” que se difunden a través de las “tecnologías de la información y la comunicación” –básicamente, la televisión, la prensa escrita, la radio, los portales de noticias y las redes sociales– con el objetivo de “desinformar a la población”. Si pudiésemos sintetizar las definiciones disponibles sobre las fake news, diríamos que estas remiten casi siempre a tres variables: 1) la división entre lo verdadero y lo falso; 2) el desarrollo exponencial de las tecnologías de la información; y 3) las intenciones de ciertos grupos o actores políticos.[i] Este escrito propone pensar las fake news desde una perspectiva complementaria, preguntando no tanto por el “quién” o el “qué” se esconde detrás de dicho fenómeno, sino por el “cómo”.

¿Cómo funcionan las fake news, vale decir, cómo se arman, cómo se difunden y, sobre todo, cómo afectan la agenda pública y el debate democrático? Para responder estas preguntas no es necesario ir a buscar lo que se esconde detrás de las fake news. En cierta forma, todo se muestra tal como es en su misma superficie. Más allá de quién sea el emisario o qué intenciones tenga, las fake news parecen seguir siempre un modus operandi similar que consiste en sensibilizar, viralizar y condicionar. El objetivo es la población, el medio de transmisión es el discurso, mientras que los condicionamientos se vierten sobre las democracias.  

1. Sensibilizar

El fenómeno de las fake news suele estar relacionado con los procesos electorales de los últimos años. La elección de Donald Trump en los Estados Unidos es en este punto uno de los ejemplos más invocados por expertos e investigadores. [ii] Sin embargo, la actual pandemia de la Covid-19 ha vuelto a poner las fake news en el tapete. Así se ha llegado a decir que se trata de un virus sintético creado por un laboratorio de China, que el uso de los tapabocas o barbijos pueden causar hipoxia o que ciertos medicamentos –especialmente la hidroxicloroquina– pueden curar el Coronavirus. Tal ha sido la difusión y el impacto de las fake news que aquí, en la Argentina, se lanzó una plataforma para combatirlas. [iii]

La propagación de las fake news no es casual y sin duda obedece a una multiplicidad de factores. Quizá el factor más sobresaliente sea la necesidad de respuestas en tiempos de incertidumbre: “tenemos tal nivel de angustia, de incertidumbre e intranquilidad con lo que está pasando –dice Natalia Aruguete– que necesitamos completar esas sensaciones con certezas. Ese es un elemento central que explica la propagación de fake news”. [iv] La emocionalidad es aquí un elemento clave. Si entendemos a la información desde su definición más literal –esto es, como mensaje sobre un hecho objetivo y contrastable con la realidad–, bien podríamos decir que las fake news no apuntan tanto a desinformar como a sensibilizar. A través de las fake news es posible generar, difundir y consolidar un estado emocional en la población. Por cierto, toda información viene acompañada de un componente emocional. No hay información que circule libremente y sin condicionamientos. Siempre tenemos preferencias, establecemos jerarquías y hacemos exclusiones en la manera de informarnos. Son principios básicos de nuestro aparato cognitivo. El problema con las fake news es justamente que, allí donde actúan, vienen a cristalizar nuestras preferencias, jerarquías y exclusiones. No solo se trata de desinformar, sino también de exacerbar una sensibilidad previa.

En este sentido, las fake news van un poco más allá de la división entre lo verdadero y lo falso. La cuestión no solo consiste en difundir una mentira o, llegado el caso, una versión tergiversada de la realidad. Las fake news contribuyen a producir la realidad misma toda vez que generan estados de ánimo o sensibilizan. Tal fue el caso del pánico creado por cadenas de WhatsApp sobre las supuestas faltas de medicamentos, productos de limpieza y/o alimentos debido a la combinación entre una mayor demanda de la población y la expectativa de desabastecimiento por efecto de la cuarentena. Las noticias eran falsas, pero el pánico y las conductas sociales fueron bien reales en cuanto a sus consecuencias: “Esta paradoja de la actualidad (¿tal vez potenciada por el aislamiento?) parece convertir más que nunca aquello que es virtual en real, aunque sea mentira”.[v]

2. Viralizar

Tienen razón quienes dicen que la propagación de fake news no debe definirse como una “infodemia” –como lo hizo recientemente la OMS–, puesto que asimila al receptor de la información con quien se contagia pasivamente de un virus. [vi] Sin embargo, la metáfora de la infodemia tiene algo de cierto. El virus no solo se recibe: también se reproduce. Cada receptor es a la vez un reproductor. Las fake news no pueden pensarse sin el fenómeno de la viralización: “Uno quiere salir a contar; es como ‘spoilear’, cuando ves una serie y querés contársela a todos. Cuando te indignás también querés compartirlo con otros. En la presencialidad lo hacés con dos o tres personas, pero en las redes se traduce en el retweet que, potencialmente, puede llegar a 500 o miles de personas”. [vii] Lo cual equivale a decir que hoy día los consumidores de noticias son también productores de información. De manera inevitable, las fake news han pasado a ser parte de este proceso de democratización de la producción y puesta en circulación de información.

Las fake news están hechas de fragmentos, actúan a nivel capilar o molecular, y poseen capacidad de replicarse exponencialmente. En pocas palabras, son como un virus. Toda fake news se arma con fragmentos de verdad. Veamos un ejemplo sencillo:

Hecho 1: El Coronavirus proviene de China.

Hecho 2: Existen virus producidos en laboratorios.

Hecho 3: El Coronavirus fue producido por un laboratorio de China.

Los dos primeros hechos son ciertos, aunque no así el tercero. Ahora bien, ¿dónde reside la falta de veracidad? El último hecho no solo es falso por lo que dice; también lo es por el modo en que conecta dos hechos ciertos de la realidad. Dicho de otro modo, la falsedad de las fake news no está únicamente en los contenidos que difunden, sino en la manera de articular esos contenidos.

Si las fake news tienen un poder de viralización tan grande, es en parte porque casi cualquier ciudadano o ciudadana puede cortar y pegar hechos de manera aleatoria. Solo hace falta utilizar un lenguaje medianamente “científico” que remita a algunos hechos sueltos pero comprobables o se apoye en ciertas “voces autorizadas”. Entendámoslo bien: lo que está en juego no es solo la difusión de una información malintencionada; lo que está en juego son nuestras formas de “producir verdad” o un discurso con pretensiones de verdad.  

Hay momentos en que las fake news pueden prestarse perfectamente a la construcción de teorías conspirativas. Siguiendo nuestro ejemplo: 

Hecho 1. El Coronavirus proviene de China.

Hecho 2. Existen virus producidos en laboratorios.

Hecho 3. China mantiene actualmente una fuerte disputa comercial con los Estados Unidos.

Fake news. El Coronavirus fue producido por un laboratorio de China.

Teoría conspirativa I. El Coronavirus es un arma biológica producida por un laboratorio chino para atacar a los Estados Unidos.

Teoría conspirativa II. El Coronavirus responde a la imposición de un nuevo orden mundial.

Así pues, a partir de dos o tres hechos reales, perfectamente contrastables con la realidad, se puede dar lugar a innumerables fake news y desde ahí a las teorías conspirativas más disparatadas. No hacen falta demasiadas evidencias ni tampoco una gran imaginación. Solo hay que cortar, pegar y poner en circulación.     

3. Condicionar

A veces nos preocupamos por saber quién está detrás de las fake news: ¿los poderes económicos, un partido político, los asesores de un funcionario de gobierno? La preocupación por el quién es legítima y necesaria, aunque no alcanza para solucionar el problema. Las fake news son parte de una maquinaria cuyos productores pueden ser perfectamente relevados. Hoy las confecciona y difunde x, mañana puede hacerlo y, pasado lo hará z. Cualquiera puede jugar. Hasta cierto punto, esa maquinaria es tan democrática como la misma democra



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