Maradona: Hoy su mano está más cerca de Dios

Sociedad | 2020-12-01 | 17:25:41

Por Juan Roldán


Y un día tenía que pasar. Era para muchos, la crónica de una muerte anunciada. Ya había jugado muchas veces al límite.

En enero se cumplieron 20 años del día que Maradona estuvo por primera vez muy cerca de la muerte. En Punta del Este, Diego estuvo internado dos semanas hasta que fue trasladado a Buenos Aires y luego viajó a Cuba para hacer un tratamiento de rehabilitación. “Doctor, no logramos que se despierte”. Guillermo Coppola trato de hacerlo por dos días seguidos. Lo que no sabía era que Diego había entrado en estado de coma.

También lo habían dado por muerto en un estruendoso audio que circuló por WhatsApp durante el Mundial de Rusia 2018, tras el partido contra Nigeria.

Y a pocos días de haber cumplido los 60 años, como si algo nos tuviese que faltar en este pandémico 2020 el mediodía del 25 se puso triste. La noticia conmovió al mundo entero. Hoy Diego fue derrotado para toda la vida.

Maradona era el ser nacional. Su primer sueño era jugar un mundial y ser campeón del mundo. Vaya si lo logró.  Su fútbol nos identificará como siempre. Era parte de nosotros. Una especie de Patoruzú que nos demostraba que con su zurda él solo podía contra los representantes del Imperio Británico, un 22 de junio de 1986 en el asfixiante calor del Estadio Azteca y nos reivindicaba de una derrota tras la guerra del Atlántico sur, ya sea con la Mano de Dios o en diez segundos y ochenta y nueve centésimos con el mejor gol que se haya convertido en la historia de los mundiales. Otro Lanusense, el “Negro Enrique” le dio el pase para que convirtiera ese histórico gol. “El mejor pase de todos los mundiales” solía decir el querido Negro.

El relator uruguayo Víctor Hugo Morales se preguntaba ¿de qué planeta viniste? Luego de concretar tremenda hazaña futbolística.

Era fácil saberlo. Diego había nacido en el hospital Evita, donde cientos de chicos nacieron, aunque no todos lograron su trascendencia.  El emblemático Hospital está ubicado en Lanús Oeste, en la calle Río de Janeiro. De hecho, durante el mes de octubre de este año, con motivo del 60 cumpleaños del astro, la Unión Nacional de Clubes de Barrio presentó un proyecto ante el Concejo Deliberante para cambiarle el nombre a dicha calle por el de Diego Armando Maradona, según informaron medios locales.

Maradona era incontrolable cuando hablaba, pero más cuando juagaba. Reivindicó a los napolitanos que eran considerados africanos por el opulento norte italiano. Y se cansó de denunciar al establishment de la FIFA y de su explotación a los jugadores. Por todo eso tuvo que pagar un alto precio y al contado. El poder, se la tenía jurada y le cortaron las piernas en el Mundial de 1994.

Maradona no necesitaba de estimulantes para jugar al fútbol, si bien estuvo enganchado a la cocaína, “se dopaba en las fiestas tristes para olvidar o ser olvidado después de estar muchos años acorralado por la gloria” como solía decir el escritor Eduardo Galeano.

“Si yo fuera Maradona viviría como él porque el mundo es una bola que se vive a flor de piel”, le cantó el músico francés Manu Chao, pero no sé realmente cuantos se hubiesen atrevido a vivir esa vida. Diego tuvo que llevar encima la carga de su propio éxito. “Necesito que me necesiten”, supo decir alguna vez.

“Me podrán decir que estoy bien, o que estoy mejor, pero nadie está adentro mío. Yo se las culpas que tengo y no las puedo remediar, reflexionó en el documental que realizó sobre su vida el célebre director Emir Kusturica.

La pobreza de su Villa Fiorito, el potrero, las veces en que doña Tota dejó de comer para poner bocado entre sus ocho hijos lo hicieron un rebelde. Con causa. Juró zafar de esa historia con la pelota que no se mancha. No tenía un peso para ir a probarse a Argentinos Juniors y vivió una infancia de pobreza.

En algún momento afirmó: “Yo nací en Lanús, no me olvido de eso. Lo único que no pegaron en la vida fue en la memoria. Yo tengo a toda a mi familia en Fiorito. Fiorito es lo más grande que hay”.

Además, el 11 de junio de 2008 hasta se animó a jugar un partido en La Fortaleza con la camiseta del Grana y de Talleres. Esa noche, en cancha de Lanús, jugaron el local -entonces campeón vigente de Primera División de la AFA- y Talleres, reeditando un antiguo clásico de barrio. Maradona jugó el primer tiempo y un rato del segundo para el Granate, y metió un gol de penal (un “regalo” del árbitro internacional Ángel Sánchez para que la hinchada ovacionara una vez más a Diego). Salió a descansar y volvió para terminar el partido con la camiseta roja y blanca donde puso el hombro para ayudar a levantar la quiebra del club de Escalada. Al finalizar el partido, después de divertirse junto a Sand, Acosta, Sebastián Blanco y Huguito Morales en el primer tiempo y tirándole milimétricos pases largos al Tanque Denis en el segundo, comentó: "Me sentí fantásticamente bien. Mimado por todos los jugadores de fútbol, que es lo que le agradezco a Dios todos los días que me levanto. Algunos decían que había bajado mi popularidad, pero la gente me demuestra lo contrario".  En el entretiempo le preguntaron a Diego por Lanús, el Sur del Conurbano y la cercanía con Villa Fiorito. “Y… volver al barrio me trae tantos recuerdos... de las canchitas de tierra, de cuando me bañaba con una pava de agua caliente”, respondió. El Diez tenía 47 años y hacía poco más de una década de su último partido oficial.

Es que si hay algo que le tiraba a Diego Maradona eran sus raíces, su Fiorito, aquel barrio que lo vio brillar y que, en estos tiempos, lo tenía más presente que nunca Lanús, club con el que Diego también se sentía muy identificado porque su mamá era hincha del Grana.

Tal vez por esto último haya sido que retó a Pipo Gorosito públicamente acusándolo ser de Barrio Norte “no puede decir que el 70% es de Banfield si somos todos de Lanús, Pipo no podés decir semejante burrada Cortala Pipo” sentenció.

"¡Viva Lanús! no me cabe la menor duda de que van a poner todo para ganar", con esa frase, Diego Maradona cerró su video alentando a los jugadores y a los hinchas granates de cara a la final de la Copa Libertadores que jugaron ante Gremio.

Como una premonición de algo que pasaría años más tarde, en una columna publicada por Clarín, el periodista Gustavo Ronzano reflexionaba sobre las imágenes de Diego con esas camisetas extrañas a su trayectoria de futbolista profesional preguntándose: “¿Y si la mayor despedida de Maradona es una gira por todas las camisetas del fútbol argentino? Cada hincha, cada futbolero de ley, tendría su foto. Él, que alguna vez se autoproclamó el Diego de la gente, sería feliz como aquella noche. Y ella, la pelota, no dejaría de posar junto al Diez, el fútbol mismo”.

La mini gira de reconocimiento llegó en 2019, en los que fueron nuestros últimos momentos felices con el ídolo recorriendo canchas del fútbol argentino como director técnico de Gimnasia y Esgrima La Plata y homenajeado por casi todos los clubes y las hinchadas que lo recibieron.

La muerte de Diego Armando Maradona conmovió al mundo entero y una de las imágenes de archivo más vistas en las últimas horas fue el día que el exfutbolista se entrevistó a sí mismo en el programa de televisión La Noche del Diez (Canal 13).

En aquella oportunidad, Maradona habló de la muerte y se preguntó qué le diría a su persona en el cementerio. "Le diría gracias por haber jugado al fútbol porque es el deporte que me dio más alegría y libertad. Pondría una lápida que diga gracias a la pelota, porque toqué el cielo con las manos", dijo Diego en aquel programa de 2005.

Hasta suena increíble pensar que haya muerto. Desde Lanús te vamos a recordar siempre porque trabajaste incansablemente de Dios en cada estadio que pisaste y nos diste todo sin pedirnos nada. “Fue alegría en el pueblo, llenó de gloria este suelo”. Le dedicó oportunamente el Potro Rodrigo. Tal vez hoy se haya encontrado con don Diego, doña Tota y junto con Cruyff, Di Stéfano y su admirado Carlovich estén revolucionando el cielo con el picado más hermoso de la vida.



Comentarios

No hay comentarios para esta noticia.-

COMENTAR, OPINAR

*El mensaje queda pendiente de aprobación