El Riachuelo en pandemia: controles ambientales suspendidos, viviendas sin entregar y las cifras de una contaminación que persiste (Parte 1)

Sociedad | 2021-02-04 | 18:43:41


Desde que empezó a ser utilizado hace 200 años como pozo ciego para desechos por la industria saladeril, el Riachuelo nunca logró ser saneado. Aunque nadie lo esperaba, tampoco el año de la pandemia trastocó los destinos del emblemático cauce. Y podría haber ocurrido. En muchos países, la caída del consumo de energía y de emisiones de dióxido de carbono ocasionados por las cuarentenas representaron un “alivio” ambiental. Para la región de la cuenca del Riachuelo, donde viven cerca 4.500.000 millones de personas, solo se trató de un año más.

Desde el fallo “Mendoza” del 2008, la Corte Suprema de Justicia ordenó al Estado con jurisdicción en la cuenca Matanza-Riachuelo avanzar en soluciones por el daño ambiental. Con ese fin, se creó el Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA), un paquete de 14 acciones para atender la compleja problemática socioambiental de la cuenca.

Sin embargo, los avances fueron discretos desde entonces. Según los últimos datos oficiales de 2020, la contaminación permaneció en sus niveles altos y habituales, sin poder cumplir los estándares mínimos de calidad ambiental. Incluso, varios de los controles previstos no se pudieron realizar debido a las restricciones del aislamiento obligatorio de la pandemia. En toda la cuenca, unas 502.398 personas viven en zonas urbanas de riesgo alto y muy alto por los déficits socioambientales, mientras que 700 familias viven en los márgenes del Riachuelo.

En principio, las autoridades y técnicos de Acumar, que lidera Martín Sabbatella, tienen objetivos más acotados que la búsqueda de un ambiente balneario donde se pueda nadar y pescar. Es lo deseable, pero la meta primaria de gestión es que los cursos de agua sean aptos para realizar “actividades recreativas pasivas”, o sea, poder contemplarlos sin tener un contacto directo. A este tipo de indicador, el PISA lo define como “Uso-IV”. Pero esos parámetros tampoco se alcanzaron y obtuvieron el nivel más bajo desde 2010, a pesar de las acciones implementadas y las particularidades del monitoreo en pandemia.

Las industrias siguieron volcando

 

“El canal Millán (...), una vez tomada y envasada la muestra, comenzó a descargar un vertido de características visuales particulares, de color blanquecino y grasosa. No se pudo tomar una nueva muestra por falta de instrumental. Sin embargo, se dio aviso a las áreas pertinentes para que tomen las medidas necesarias”, señala uno de los reportes ambientales que se hicieron durante el 2020. Un botón de muestra de los tóxicos y elementos extraños que se pueden encontrar en el agua del Riachuelo.

 

Los expertos de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar) consideran que existen tres fuentes principales de contaminación en la región: la industrial, la cloacal y la causada por residuos sólidos, entre ellos, los basurales. La combinación de estos factores impacta sobre la calidad de vida de los millones que habitan en la cuenca hídrica.

 

En el área de influencia existen unos 8.000 establecimientos industriales. Durante el último empadronamiento efectuado en 2019, el sistema de autoregistro arrojó 5.266 establecimientos. De ese grupo, unos 1.000 vuelcan allí sus desperdicios.

 

“Entre ellos, 370 que fueron declarados Agentes Contaminantes (AC) aún conservan esa condición”, precisó a Infobae Bruno de Alto, director general ambiental de Acumar. Son 805 las fábricas y empresas industriales que emiten sustancias dañinas a la salud, pero no todas vuelcan.

 

“De los que vuelcan, no todos lo hacen con el mismo volumen de efluentes líquidos ni con el mismo grado de potencial contaminante. Uno de los objetivos estratégicos que hemos fijado es el de controlar de manera automática y en línea a las aproximadamente 80 empresas que son responsables del 90 % del volumen de vuelco”, agregó de Alto.

 

El método de control son monitoreos a distancia e inspecciones con tomas de muestras de los efluentes. Los vecinos también reclaman. En septiembre pasado hubo uno de esos casos. Después de clausuras preventivas, denuncias repetidas y un allanamiento judicial, se cerró de manera definitiva una curtiembre clandestina en Piñeyro, en el partido de Avellaneda, por violar la normativa ambiental.

Los controles del Estado son modestos. Con el recambio de administración a fines de 2019, solo había 30 planes de adecuación ambiental en las 807 plantas con agentes contaminantes. “Durante el 2020 se lograron 2 adecuaciones y que los planes de adecuación en trámite asciendan a 105″, señaló Bruno de Alto. “Estamos intimando formalmente, mediante comunicación oficial, a dichas empresas a que lleven a cabo el proceso de formulación, aprobación y ejecución de los Planes de Adecuación (PA) necesarios para que su actividad no tenga característica de contaminante”, agregó.

A lo largo del aislamiento obligatorio (ASPO), los establecimientos fabriles apenas redujeron su actividad en un período corto de tiempo. Por lo tanto, “los cambios en los cuerpos de agua van a ser la última variable en modificarse frente a cambios en los ecosistemas”, señaló el director general ambiental. Mientras tanto, se firmó un convenio con el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el INTI y empresas privadas para instalar equipos automáticos para que midan en tiempo real el caudal y la calidad de los vuelcos de las empresas. La intención también apunta a que los establecimientos implementen, en cooperación con la UTN, un sistema de autocontrol de sus descargas a los efluentes. “La idea es que estén en marcha en 2021″, indicaron.

Las conclusiones de la campaña 2020

El año pasado, Acumar llevó adelante tres campañas de monitoreo de los indicadores más relevantes de la cuenca del Riachuelo, que registran la calidad de agua superficial, sedimentos, y aire. Estos estudios no se pudieron hacer de manera completa a raíz de la cuarentena, por lo que no son “equivalentes” con años anteriores. Es decir, las muestras “ad hoc” recolectadas sobre el índice de calidad de agua superficial (ICA) son ilustrativas del estado de la cuenca durante la pandemia de COVID-19, y recién habrá resultados completos para las mediciones trimestrales de marzo y julio de 2021.

Ante la consulta de Infobae sobre la influencia en los niveles de contaminación, Bruno de Alto respondió que “los cambios observados en la calidad del agua no son directamente atribuibles a las medidas de ASPO, sino que se deben más tanto a variaciones estacionales como a las escasas precipitaciones observadas durante 2020″.

La conclusión del informe sobre la calidad de agua superficial es que no hubo modificaciones significativas en valores como oxígeno disuelto (OD), uno de los elementos del análisis claves para identificar el desarrollo de vida acuática. Para alcanzar ese estadio, es preciso detectar 4 a 5 mg/L en ese indicador de manera sostenida, un estándar que continúa sin ser alcanzado. “Los resultados durante la campaña de agosto 2020 resultaron en su mayoría similares a los que suelen encontrarse durante esta época del año”, señala el reporte sobre la muestra.

En sus estudios, Acumar mide si las muestras registran 2mg/L de OD, uno de los 10 parámetros fisicoquímicos vinculados al “Uso IV” del ecosistema que apunta a la realización de “actividades recreativas pasivas”. De las campañas de junio y agosto, solo en 4 de 20 estaciones se cumplieron esos niveles de oxígeno disuelto. Según los analistas, hubo “dificultades generales” para cumplir con los estándares en “prácticamente todos los puntos monitoreados”.

Si bien no es comparable por el tipo de análisis limitado por el ASPO, el nivel de cumplimiento de calidad de agua en 2020 alcanzó su registro más bajo desde abril de 2010. De los 20 sitios de muestreo, solo 1 cumplía condicionalmente con el uso IV de calidad de agua, y de los restantes, 9 no cumplían con al menos uno de los parámetros, en tanto que 10 no pudieron ser monitoreados.



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