Ese raro ejercicio de democracia inédita: la Convención radical y un mejor Cambiemos

Politica | 2019-05-30 | 16:55:53

Por Emiliano Bursese


El radicalismo se prepara estos días para tomar una decisión. De forma colectiva, igualitaria y plural, como modelo que enorgullece y asombra a propios y extraños, que a veces parece excesivo estado asambleario, pero que en el mundo de hoy – plagado de individualidad, marketing y egos – puede ser tomado como una rara virtud cívica y democrática.

Con todas sus voces, las que a mi modo de ver, le dan su fortaleza y lo diferencian de otros espacios donde la construcción política es en realidad subordinación y única expresión, como las fórmulas de partidos de nuevo cuño, como las construcciones de líderes de verdades reveladas e infalibles. Todas las nominaciones de candidatos a presidentes del radicalismo y las estrategias asumidas en cada caso desde 1916 hasta hoy pasaron por su Convención y la decisión de sus convencionales: nada menos que 24 nominaciones de candidatos a presidente.

 

Esas voces que se reunirán el próximo lunes en la Ciudad de Buenos Aires, tendrán la difícil responsabilidad de tener que optar y mostrar – al mismo tiempo – una visión de lo que se quiere (que rol debe ocupar el radicalismo). Optar por continuar el camino emprendido en su otrora reunión de Gualeguaychú del 15 de marzo de 2015 o por conformar un espacio más amplio que el actual Cambiemos (como si una cosa fuera excluyente de la otra). Los que apostamos a Cambiemos desde el primer minuto, como forma de poner un freno al populismo e instrumentar un espacio republicano de gobierno, sabemos que a pesar de las dificultades que estamos transitando (en gran parte heredadas por los iluminados que hoy parecen no haber estado), nunca es recomendable cambiar el rumbo a mitad del rio.

En lo que hace al rol del radicalismo, ya lo venimos diciendo, creemos que el radicalismo debe ser el espacio de la emancipación en el siglo XXI. No sólo ya por nuestra perspectiva histórica (nuestra Profesión de Fe Doctrinaria traía una definición que increíblemente tiene, en clave actual, mucha vitalidad teórica: “El radicalismo es la corriente histórica de la emancipación del pueblo argentino”, rezaba).  Sino además porque la emancipación será el contenido teórico de un nuevo sentido común que articulará en clave no reaccionaria, humana, no clientelar ni populista, moderna y solidaria, las certezas, los lazos comunitarios y las garantías de derechos hacia adelante. Temas como la democracia, la soberanía, el pueblo (o los pueblos), el feminismo, las migraciones, las identidades, las ecologías, los nuevos derechos de salud, etc., son todos temas que pueden ofrecer seguridad, bienestar y pertenencia a amplios sectores sociales del mañana. Son los caminos emancipadores para transitar.

En ese sentido, hace pocos días atrás la Convención radical bonaerense ratifico en Brandsen su pertenencia a Cambiemos en forma contundente. El orden y la conducción del Presidente del Comité Provincia, el Vicegobernador Daniel Salvador, salieron fortalecidos de ese encuentro, no solo por su estilo de dialogo y búsqueda de consensos (hacia adentro y fuera del partido), sino sobre todo por un radicalismo (el bonaerense) que viene transitando caminos de responsabilidad, renovación y crecimiento desde su conducción. A nuestro modo de ver, son claves que seguir en el orden nacional, donde parece destacarse una conducción nacional que no tiene visión estratégica ni fortalece Partido y que parece dirigida más por intereses personales y especulativos que por visiones principales y de conjunto. Lo sucedido en Córdoba, donde existían dos candidatos radicales y se perdió la segunda ciudad del país, es muestra de ello.

En los momentos complejos como el actual no podemos caer en los atajos de los especuladores que buscan "diferenciarse" en las “chivas”, sino que debemos ser las garantías de continuidad del rumbo (de lo que hay que hacer, sin demagogias o populismos internos), para mejorarlo, para ampliarlo. Sabiendo que falta mucho. Pero sabiendo de dónde venimos.

Claro que precisaremos debatir rumbos hacia dentro y hacia afuera, sobre todo con nuestros amigos del Pro, que en ocasiones parecen no entender que los propios antídotos a las torpezas están en la sapiencia de ver más allá que el propio ombligo. Siempre será aconsejable ser parte (al menos consultiva) de la toma de decisiones, procurar cada vez más transformarnos en una coalición de gobierno por sobre una electoral – para tener esos anticuerpos necesarios en las situaciones de crisis políticas y sociales –, y enriquecernos con los aportes de todos. Pero todo ello no puede alejarnos de nuestras responsabilidades históricas de la época, más grandes que nuestra individualidad o interés personal. Siempre lo entendimos así los radicales, y seguramente lo seguiremos haciendo.

Que la Convención radical sea una fiesta de la democracia interna, del debate racional y de la expresión de un partido histórico, pero con mucho futuro. Al igual que Cambiemos.



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